


| 17/08/03 : EL MUNDO : HOTEL DE LLAFRANCH. Playa de Llafranch |
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There are no translations available. En memoria de un gitano excepcional
EL ESTABLECIMIENTO QUE HIZO FAMOSO 'EL GITANO DE LA COSTA' HA DADO COBIJO A CARMEN AMAYA, KIRK DOUGLAS O LOLA FLORES. Situación: EN EL PASEO MARITIMO, JUSTO DONDE MAS BRILLA LA LUZ CUANDO CAE LA NOCHE. No debes perderte: LA GALERIA DE RETRATOS QUE DAN FE DE SU HISTORIA.
CRISTINA FALLARAS
Son muchas las historias que corren por ahí sobre el Gitano de la Costa, y no sé si alguna será la verdaderamente verdadera, pero lo que sí aseguro es que la que van a leer a continuación es la historia oficial, ya que me la acaba de contar su sobrino Carlos, que junto con el hermano, José María, y su primo José continúa al frente del Hotel Llafranch, el único que debería y no puede (el hotel) explicar todo lo que ha pasado por aquí.
Esto eran tres hermanos, Mario, José y Manolo Bisbe que se dedicaban allá por los años cincuenta al negocio del corcho en Palafrugell y, cuando el trabajo les permitía unos ratos de descanso, se acercaban hasta una barraca de pescadores que su padre tenía en la playa de Llafranc. De cómo aquel lugar se convirtió en un punto de referencia por donde solían pasarse Dalí, Lola Flores y el Pescaílla, Peret, la Chunga e incluso Kirk Douglas en sus buenos tiempos, tuvieron la culpa los tres, pero sobre todo Manuel, quien convirtió a Carmen Amaya en su diosa y a cambio recibió de ella el título de «Gitano de las Costa Brava» en una ceremonia que aún se recuerda por los alrededores. El la llamaba «reina, madre y santa». Vamos, que estaban hechos el uno para el otro. Manuel era el encargado de viajar habitualmente a Andalucía a negociar el asunto del corcho, y cayó enamorado del flamenco.Los cuadros y fotografías que adornan el lugar lo muestran como un hombre moreno de rasgos afilados, tocado con sombrero de terciopelo y cubierto con una larga túnica, o con capote torero al estilo de Julio Romero de Torres, con grandes anillos y aspecto entre iluminado y socarrón. Los habituales más veteranos lo recuerdan como un hombre excéntrico y muy divertido para quien la vida consistía en gozar sin descanso. Y seguramente eso fue lo que aprovecharon sus hermanos cuando le llamaron a Andalucía para comunicarle que iban a montar un pequeño garito abierto al público en la barraca de Llafranc. El que luego sería investido Gitano no sólo acudió para apoyar el montaje, sino que decidió traerse de Andalucía aquello que le había robado el corazón: montó un tablao, se trajo a unos cuantos calós, colgó un jamón, puso el Jerez a refrescar y decidió bailar. Corría 1952, España sobrevivía en la miseria marrón de la posguerra y los primeros extranjeros empezaban a aparecer en la Costa Brava. Después sucedió que Carmen Amaya se instaló en la zona y se hicieron íntimos, que acudió la Chunga, que Dalí les visitaba un par o tres de veces cada invierno y que el marrón español comenzó a ganar color con las gentes venidas del norte y el centro de Europa al reclamo del sol. Así que los hermanos Bisbe decidieron que era el momento de abrir habitaciones para dar cobijo a tanto visitante y, mientras tanto, Manuel sacaba a la arena a un camarero con los cuernos de un bravo atados a la cabeza y se dedicaba a torearlo, y cosas así. El amanecer les cogía siempre antes de iniciar el último baile. Carlos, su sobrino, me lo cuenta todo moviendo sin cesar sus enormes manos, con aspecto de hombre feroz. Por aquel entonces él era un chaval que prefería irse a las discotecas de Platja d'Aro que participar en aquellas insólitas veladas. Cuando volvía de retirada, se los encontraba todavía en pie de guerra. Y se iba a dormir, algo que no se perdona. Luego, mientras él crecía, Manuel se iba haciendo mayor y el turismo español, sobre todo de Barcelona, les ganaba terreno a alemanes, suecos e ingleses. Fue el momento de hacer el cambio.El hostal de cincuenta habitaciones sin baño se convirtió en un hotel de treinta estancias completas de corte familiar. En fin, pasó a ser el lugar en donde acaba de servir una caldereta de langosta con gambas de la costa para chuparse el bigote. Sin embargo, conserva las vibraciones y, cuando llega la media noche, se levantan las mesas de comedor, entra el dj. y se llena de jóvenes veraneantes bronceados con ánimo de beberse la noche.Abarrotado, con la gente bailando encima de la barra, dan las tres de la mañana. A mano derecha, nada más entrar, queda el cuadro que la Chunga pintó en la chimenea. La fecha señala el año 2000, pero en realidad es la restitución de otro que pintó en 1968, cuando pasaba temporadas de tres y cuatro meses en el hostal y cada noche, al llegar, se encontraba junto a la cama un ramo de flores de parte del Gitano de la Costa. ALGO FLOTA EN EL AIRE Y VIENE DE OTRO TIEMPO El hotel lo lleva la familia. Grandes personas. No dude en preguntarles por las fotos del interior, que le cuenten historias, disfrute.La comida es más que recomendable y el ambiente posterior, tirando a pijo de fiesta. Déjese empapar por ese algo que flota y viene de otro tiempo. Fuente: EL MUNDO |